Otra prueba de estos intercambios es la respuesta específica, generalmente de gozo, que el niño ofrece a las expresiones faciales de la madre.
En conclusión, es preciso incluir una respuesta afectiva adecuada y una acción estimuladora inmediata ante cualquier acercamiento con los niños, lo cual los ayudará a comprender cómo sus actos desencadenan respuestas positivas ajenas a ellos.
Este tipo de experiencias positivas con adultos sensibles y empáticos, que los acepten, reconozcan sus necesidades y las satisfagan, les permitirán crecer emocionalmente seguros y confiados, por lo que, el mejor apoyo que pueden prestarle los padres, la educadora o el terapeuta, es la compañía cálida y aprobadora de sus esfuerzos, su alegría compartida frente al éxito y las palabras y gestos de aliento frente al fracaso, incentivándolo a seguir probando.
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