Por el contrario, la sensación de pérdida o carencia de vínculo afectivo crea inseguridad y puede llegar a producir indiferencia ante los estímulos externos; el hecho de poder mantener en nuestro rostro una sonrisa sincera puede aumentar el nivel de confianza y facilitar el desarrollo de casi todos los proyectos educativos inherentes al ser humano, lo cual demuestra que existe una relación muy estrecha entre el desarrollo neuronal y las experiencias emocionales tempranas, con obvias implicaciones en el campo educativo.

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