Además de los aspectos ya mencionados, es necesario recordar que las sensaciones percibidas por el niño desde su nacimiento producen emociones --Anne Fernald, psicóloga de la Universidad de Stanford, ha comprobado que la frecuencia de los latidos del corazón de un niño(a) aumenta cuando sus padres le hablan melodiosamente--.
Desde esta perspectiva, puede decirse que la actitud de las personas encargadas del cuidado de los niños desencadena respuestas y, a su vez, el niño estimula con su presencia al adulto estableciéndose un lazo único entre ellos, por demás conveniente para cualquier intervención educativa o terapéutica.
No es entonces aventurado pensar que esta reacción psicofisiológica, provocada por las interacciones con las personas que los cuidan, da a los niños las pautas para construir el significado de sus experiencias emocionales; por ende, el adulto que reacciona con una sonrisa a la voz del niño(a) producirá una reacción diferente en él y estimulará una disposición más abierta al intercambio.