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Anita levanta los brazos, sus ojos se llenan de lágrimas por el esfuerzo y gesticula; la maestra Vanessa Márquez, familiarizada con sus expresiones, traduce: "Para jugar".

Para entonces, ya son las tres de la tarde del segundo día del curso. Y empieza el revuelo en el salón de clases porque llegó el momento de pasar de la teoría a la práctica: la cámara fotográfica digital se encuentra, en modo de video, conectada a un proyector.

Los ojos de los alumnos están fijos en una pantalla en la que se reflejan las imágenes ampliadas que el lente atrapará con sólo oprimir el botón que abre y cierra el obturador.

Foto: Enrique Villaseñor

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