A PROPOSITO DE CÓDIGOS

Las Meninas de Diego Velásquez. ¿Vemos o nos ven?:
Una interpretación de Michel Foucault, y mi cajón de sastre
 

Por Enrique Villaseñor

Texto realizado para la materia Ideología y Procesos Urbanos Regionales
Posgrado de Arquitectura.UNAM. Prof. Mtro. Jaime Irigoyen. 2006

 


¿Vemos o nos ven? Pregunta Michel Foucault en el primer capítulo de Las palabras y las cosas. Quizá la interrogación tras las experiencia de Las Meninas, cuadro de Michel Diego Velásquez. La descripción que realiza Foucault del cuadro no sólo es precisa hasta la complejidad, sino profunda como el escenario del cuadro. Analítica la razón de observarle con minucia. Casi aun lo invisible. Mas si el imaginario no nos permite ver lo que nos detalla Foucault, basta con observar el cuadro para adentrarse en el juego de posiciones que nos refiere el autor.

¿Vemos o nos ven? En apariencia es simple. Hay una reciprocidad: vemos un cuadro desde el cual, a su vez, nos mira un pintor. No es sino un cara a cara. El pintor sólo dirige la mirada hacia nosotros en la medida que nos encontramos en el lugar de su objeto. Parece ser que el espectador es el modelo.

Un cuadro, el de Velásquez. Otro cuadro, dentro del de Velásquez, que da la espalda al espectador. Nos vemos vistos por el pintor. ¿Quién es el que mira todo? ¿Sobre qué "modelo" miran? La respuesta se desliza adentro en la pared trasera. Entre las pinturas en el estudio está un espejo, a un costado detrás del pintor. Lo sabemos porque sus bordes y colores brillantes ponen en contraste la oscuridad y la luz de los trabajos que la rodean. El modelo -el rey Felipe IV y la reina Mariana- que mira el pintor se refleja en el espejo. O el reflejo del modelo plasmado en el cuadro -que da la espalda al espectador, quien tendrá la sensación de ser el modelo-, aunque quizá no se haya dado aún la primera pincelada, dice Foucault.

Cómo retratar una relación paradójica entre la realidad y la representación. En su interpretación, Foucault construye una relación triangular entre el pintor, la imagen del espejo, y el hombre del fondo. Se ligan estos tres elementos porque son todas las representaciones de un punto de la realidad fuera de la pintura. Se complica la lectura y se agregan paradojas a la representación: ¿Vemos o nos ven? ¿Puedo ser yo el modelo? ¿Es el modelo la imagen que refleja el espejo? ¿El hombre del fondo a quién mira?

Las Meninas se convierte en una clase de pasillo de espejos, controlado por el artista. El pintor camina hacia atrás para estudiar su modelo. Los personajes parecen mirar hacia fuera de la pintura. En el análisis de Foucault, quien está fuera de la pintura da el significado a quien está dentro. Por lo tanto, el rey y la reina son el centro verdadero de la composición. Los modelos se consideran en el espejo; la figura vaga en la parte posterior representa a los espectadores alrededor para entrar o para salir del estudio.

Ningunas de estas perspectivas revelan la verdad entera, sin embargo. Estamos mirando una escena en la cual los caracteres también parecen mirarnos, aunque no pueden considerarnos. ¿Pero realmente nos están mirando? No, están mirando al modelo, al rey y a la reina. Parecen solamente mirarnos porque estamos parados en el mismo lugar que el modelo, pero fuera de la pintura. Irónico, solamente el espejo en la pared trasera de la pintura prueba la presencia del modelo. El espejo es también una ilusión, porque no refleja directamente ninguna realidad. Se refleja una copia alterada de la verdad dentro de la pintura: la lona. Sabemos de la presencia del modelo a través del espejo, pero de las interrupciones no vistas de la lona la relación directa entre el espejo y el modelo. La ilusión y la realidad llegan a ser confusas, ambas apenas como convenciendo a la otra. Y en el extremo, no podemos decir que lo qué vemos es la verdad porque es solamente parte de la ilusión.

Las Meninas representa las escenas que mira Velásquez, el pintor real del trabajo. Enfrentamiento y cruce de realidades. Realidades como ficciones, como ilusiones.

 

De mi cajón de sastre.

Virtualidades

De mis aventuras en el ejercicio de la fotografía conceptual, del cajón de sastre de mis imágenes construidas en escenarios experimentales, extraigo y comparto con ustedes cuatro fotografías que después de leer el texto "Las Meninas" de Michel Foucault, me invitaron a una reflexión personal: ¿cuando lo real deja de serlo?, ¿en que momento lo virtual irrumpe en nuestra realidad para confundir nuestra percepción y tal vez la conciencia de nuestra identidad?. Lúdicas en su intención original, discursivas en sus múltiples lecturas, motivadoras, provocadoras, evocadoras de momentos reales y ficticios estas imágenes son, a la vez, testimonios y discursos polivalentes de fantasía.

Tal vez estos ejemplos sirvan para matizar la aridez de las definiciones, las descripciones y los conceptos semióticos o semiológicos, códigos, pragmaticas y metonimias ¡que horror!... Descansemos pues, de todos esos enunciados abrumadores, y mejor jugueteemos y fantaseemos un poco con las imágenes. Acariciemos signos amables y divertidos.

 

FANTASIA EN BERNA (2000)

Fotografía directa (sin montaje, retoque o manipulación)


El artista que pinta su imagen y la de sus amigos y familiares en la fachada de su casa.
Ventanas reales y virtuales se confunden en una mezcla de arquitectura viva y arquitectura dibujada. Planos múltiples de significados sugerentes y burlones. Finalmente, la niña sentada al frente de la obra, virtualmente al lado de los personajes, parece confrontar la contundencia de ausencias y presencias.

 

 

PEDRO MEYER y ENRIQUE VILLASEÑOR. Dos fotógrafos:

¿Retrato o autorretrato?
(2001)


Pedro Meyer retrata el rostro y el bigote de Enrique Villaseñor en una imagen blanco y negro de gran formato. A su vez, Villaseñor retrata a Meyer en el escenario real de sus equipos virtuales. Los monitores delatan la presencia de Meyer, y el sombrero (de Villaseñor), confunde la identidad de los dos personajes. ¿Es un retrato o un autorretrato? ¿Quien es el autor de esta obra fotográfica?... Un duelo de intenciones..

 

RENE MAGRITE - RAFAEL LOPEZ CASTRO (2002)

Evocación de dos artistas.


René Magrite, el pintor belga surrealista y Rafael López Castro destacado diseñador gráfico mexicano. Dos imágenes que cruzan la barrera de la realidad para confundirse en un mundo de dimensiones sugerentes.

El sombrero del fotógrafo... presencia indiscreta.

 

LA NUEVA LECCION DE REMBRANDT

Montaje Digital (1991)

La lección de anatomía del Dr. Tulp. 1632

Oleo sobre lienzo. 162.5 x 216.5 cm. La Haya. Mauritshuís.

 

 

El doctor Tulp abandona por un momento su lección de anatomía para brindar a sus alumnos, una doctoral e insólita sesión de enseñanza multimedia.

Si Rembrandt viviera en nuestra época, sin duda pintaría este cuadro.

 

INFORMACION Y CÓDIGOS

Elementos vsuales y códigos significativos en la imagen fotográfica