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Ante estas categóricas premisas es necesario reflexionar sobre todo lo que puede provocar una simple manifestación gestual de nuestro cuerpo, y experimentar con lo que pasa si la aplicamos de manera habitual en nuestra vida cotidiana y, por supuesto, en nuestro campo profesional, pues de entre todos los objetivos que persigue la intervención psicoeducativa en el niño(a) destaca el proporcionarle medios de expresión eficientes y claros que le permitan una fácil comunicación con los demás y ¿de qué mejor manera podría comunicarse un niño que no sea a través del hábito de sonreír?
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