De manera paralela, Villaseñor continuaba con el registro fotográfico y muchas veces se encontró con que esas imágenes le resultaban "muy fuertes" y "desafiantes"; sin embargo, vio en ellas una profunda humanidad y empezó a acompañar a los integrantes de esta comunidad en sus actividades cotidianas: clases, talleres, fiestas, terapias, visitas a la virgen de Guadalupe... y hasta llegó a convertirse en "el tío" al que abrazaban, jaloneaban y le daban de besos.

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